Hace un tiempo, un amigo que conocí en un hotel de Villa La Angostura me dijo, en medio de una conversación graciosa, en la que intentábamos de formular algo, que todas las personas son dos personas: la que la gente cree que es, y la que ella cree que es. Ninguna de las dos es cierta.
Obviamente, la frase se dio en condiciones puramente artificiales. Las personas no dicen esas cosas. Sino estaríamos todos dentro de una vida aburrida y bastante parecida a las de la literatura pre-vanguardias, en la que nadie hablaba como en realidad habla la gente en su vida. La literatura, entonces, era algo ajeno a la vida. Pero supongo yo que la vida, en ese momento, quizás era un poco artificial.
Recuerdo que una vez, en la escuela, nos hicieron escribir una carta que San Martín le hubiera mandado a Tomás Guido. Y nos advirtieron que en esa época se hablaba distinto, la gente hablaba de una forma más formal. Y yo me pregunté por qué, no pensando en las expresiones actuales (''eh, Sanma, que hacés wacho'') pero sí en la informalidad. ¿San Martín no puteaba, no se reía, no hacía cosas para divertirse? ¿O era, y sentía que siempre había sido, un personaje histórico que sabía que estaba haciendo un aporte gigante a la historia argentina? ¿Iba por la calle gritando La seguridad de los pueblos a mi mando, es el más sagrado de los deberes?
Sepan disculparme si lo de arriba es muy Pigna. Pero yo no estoy hablando de humanizar a los próceres ni nada de eso, estoy hablando de la vida antes de que cayéramos en la sensación de que todo es reciente y nada queda acobijado en el pasado. O, mejor dicho, la vida antes de que lo que nos importe sólo sea lo reciente. Hobsbawm dice en Historia del siglo XX: ''En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo* crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven.''
Alessandro Baricco, en un librito que es una joya y que se llama Novecento, la leyenda del pianista en el océano, se describe la sensación de un personaje que ve por primera vez el mar: ''Es como un grito gigantesco, que grita y grita, y lo que grita es ''Pandilla de cabrones, la vida es algo inmenso! ¿Quieren enterarse o no? Inmenso''.
Cuando leí ese fragmento pensé que Baricco le hacía decir eso al mar para agregar una voz alternativa, y no humana, a este mundo tan humano en el que, sí, pensamos en cosas raras, en cosas extraordinarias. Pero como el mar se vuelve antropomórfico, es difícil pensar en una voz alternativa. El mundo es nuestro. Y, como decía Haldane ''Más, raro de lo que podemos imaginar''.
*Extremes. The short twentieth century 1914-1991, (publicado por primera vez en 1994. Crítica, 1998, Historia del siglo XX, pág. 13).
lei algunos, están muy bien, por qué nadie comenta nada???? ¿inhibìs vos?
ResponderEliminarSon textos que meten miedo... ;)
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