El comienzo de El guardián entre el centeno de Salinger empieza así: ''Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso''.
Los libros de memorias son los que los escritores hacen exteriormente a su carrera literaria. Como García Márquez en Vivir para contarla, haciendo un libro que se alimenta únicamente del pasado. El prólogo mismo demuestra estos dos puntos que caracterizan el género: ''En este apasionante relato, el premio Nobel colombiano ofrece la memoria de sus años de infancia y juventud, aquellos en los que se fundaría el imaginario que, con el tiempo, daría lugar a algunos de los relatos y novelas fundamentales en la literatura en lengua española del siglo XX''.
Es decir: ¿las memorias serían la jubilación del escritor?
Son el equivalente al anciano que, a partir de cierto punto, sólo puede hablar de sus tiempos de juventud.
¿Podríamos encontrar un género antagónico a las memorias?
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