miércoles, 26 de febrero de 2014

Cuendo era chico

   Es la voz melancólica de David Copperfield la que nos va contando la evolución de su vida. Pero hay algo en el tono del personaje que nos da la esperanza de que su vida seguirá evolucionado, nada está detenido en el tiempo. Es decir: el chabón no está contándonos sus recuerdos desde un lugar en el tiempo ya lejano. La narración tiene la posibilidad de generar una tensión presente.
    El comienzo de El guardián entre el centeno de Salinger empieza así: ''Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso''.  

   Los libros de memorias son los que los escritores hacen exteriormente a su carrera literaria. Como García Márquez en Vivir para contarla, haciendo un libro que se alimenta únicamente del pasado. El prólogo mismo demuestra estos dos puntos que caracterizan el género: ''En este apasionante relato, el premio Nobel colombiano ofrece la memoria de sus años de infancia y juventud, aquellos en los que se fundaría el imaginario que, con el tiempo, daría lugar a algunos de los relatos y novelas fundamentales en la literatura en lengua española del siglo XX''.
   Es decir: ¿las memorias serían la jubilación del escritor?
Son el equivalente al anciano que, a partir de cierto punto, sólo puede hablar de sus tiempos de juventud. 

  ¿Podríamos encontrar un género antagónico a las memorias?



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