viernes, 14 de febrero de 2014

Videoclip

   Hace poco estaba viendo en canal Encuentro un programa en el que bandas del interior (por lo general de pueblitos pequeños) grababan un videoclip de la mano de un equipo de producción que viajaba hasta ese pueblito con cámaras, vestuario y una idea general. Era gracioso, porque a los chicos de las bandas (casi ninguno superaba los dieciocho) les venía bien cualquier proyecto. No tenían ninguna objeción con lo que les planteaba el director, ni el productor, ni nada. Es más: en una ocasión, con una banda de Salta, pasó que se cambió de idea en la mitad y los chicos, intimidados por la cámara que filmaba cada una de las reuniones con la producción y la banda, dijeron que sí al unísono como si la nueva idea les gustara más.
  En fin: todo estaba contaminado de la presión de la producción. Era, casi, como si se mofaran de los pibes por tener un poder especial.
  De todas formas, había resultados óptimos y todos se iban contentos a su casa. Los padres comentaban que les había emocionado mucho ver el videoclip terminado, los pibes seguramente consiguieron chicas.

  Hay algo extraño en los videoclips. No se está utilizando el lenguaje convencional, se está utilizando la música: el lenguaje universal. A veces a u uno le da la sensación de querer ir y decirles a los músicos del video que se dejen de joder. Que hablen normalmente. Yo me pregunto (sí, debe haber algo que no estoy entendiendo) cómo un tipo puede estar cantando mientras hace su vida. No sé. Ahí reside la magia del videoclip, que se agarra de los rostros para desfigurarlos y vaciarlos de humanidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario